Poemas a la noche
Poemas a la noche Pérdidas en el Todo, las estrellas que caen, Marina,
y no lo acrecentemos, pues no importa
dónde nos arrojamos: a qué estrella.
En el Todo las cuentas ya están hechas
y tampoco quien cae disminuye su número sagrado.
Cada renunciante caída se precipita en el origen y así sana.
¿Es todo entonces fuego, alternancia de lo mismo,
desplazamiento? ¿Nunca un nombre y casi en ningún sitio
ganancia de lo propio? ¡Olas, Marina, nosotros somos mar!
¡Profundidades, Marina, nosotros somos cielo!
Tierra, Marina, nosotros somos tierra,
miles de primaveras como alondras
lanzadas dentro de lo invisible por el estallido de una canción.
Con júbilo empezamos a entonarla y ya nos sobrepasa por completo.
Mas nuestro peso comba la canción
al nivel del lamento. ¿Pero por qué lamento?
¿No podría tratarse de un júbilo más joven e inferior?