Poemas a la noche
Poemas a la noche Fuese entonces o sea yo ahora: tú marchabas
sobre mÃ, hacia mÃ: tú, infinita tiniebla hecha de luz;
y la sublimidad que abriste en el espacio
yo, irreconocible,
la acojo en este rostro fugitivo.
Supieras tú, oh noche, cómo yo te contemplo,
cómo mi ser evita el impulso
para osar arrojarse por encima de ti.
Cómo podrÃa creer que bastaran dos cejas
para contener tales torrentes de mirada.
Que sea naturaleza. Que sea sólo una
acorde y audaz naturaleza: esta vida y, enfrente,
aquel forjado astro que imploro sin saber:
oh asà quisiera yo ejercitarme
a estar como las piedras engastado
en la figura pura.
ParÃs, otoño de 1913
