Poemas a la noche
Poemas a la noche El «individuum» lo es en cuanto que está distanciado, dividido respecto de la creación que en su distancia «crece», se atormenta entre los nubarrones y las montañas del tortuoso paisaje español visto con ojos educados por el Greco en «La trilogía española» o adquiere una dimensión angélica y brutal a ojos del hombre; y sin embargo esa misma naturaleza creada es dócil y amable dentro de sí misma: es definida como «lo que calma» en el poema «Tendente a lo que calma» y es «un rebaño» en «La trilogía». No debe extrañar este juego de dimensiones y contraposiciones y el hecho de que en un momento determinado uno de los dos elementos en liza —el yo y lo otro— se convierta en su opuesto, pues de eso precisamente se trata: de una relación, un diálogo agónico, un posicionamiento, un drama teatral, una escena amorosa. No en vano es el ángel el que llega a tener sed y humanizarse así. Pero si —decíamos— el «individuum» lo es por estar «aparte», trágicamente aislado delante de un origen que arde («Edén brennt»), existencialmente abandonado, «arrojado» (¿a «las montañas del corazón»?), no lo es en cambio en tanto en cuanto está dividido dentro de sí y en cuanto a que su ser acontece de paso (véase el poema «¿Olvidaste de un año para otro…»), pues sus rasgos le son regalados, son «bebidos» desde lo alto, están divididos por el espacio: por no decir que son un «campo» de batalla entre él y otro rostro, el del ángel, su trasunto más allá, su juez, su inundación y su alter ego brutal. «Espacio es el amor entre los ángeles» se dice al comienzo de un bellísimo poema, pues en efecto los cuerpos de este amante y este amado comprenden toda la creación, están dispersos como constelaciones en lucha, como un flujo de astros. Y eso también compete al propio yo, que no sólo aquí, sino a lo largo de toda la poesía dispersa da fe de que él no «es», porque sólo los dioses «son». En los Poemas a la noche, la relación con el ángel es testimonio de una tensión tal que él mismo a veces se convierte en el reflejo especular de la agonía del yo y hasta —se podría afirmar— en el otro de su drama esquizoide y en su amante.