Poemas a la noche
Poemas a la noche Te admiré tantas veces tras la ventana ayer apenas comenzada,
he estado tantas veces contemplando tu rostro y admirándolo.
Aún me estaba la nueva ciudad como prohibida
y el paisaje crecía inconmovible en la tiniebla. Como si yo no fuese.
Ni siquiera las cosas más cercanas se cuidaban de serme comprensibles.
La calleja subía rondando la farola: veía que era extraña.
Enfrente había un cuarto que invitaba alumbrado por la lámpara
y yo ya era partícipe. Mas debieron sentirlo
pues cerraron las contraventanas. Me quede allí de pie.
Entonces lloró un niño. Sentí a todas las madres de los alrededores.
El poder que tenían. Supe de todo llanto al mismo tiempo
cuál era la razón inconsolable. O cantaba una voz y esperaba respuesta
prolongándose un poco más allá o tosía, cargado de reproche,
más abajo un anciano, cual si acaso su cuerpo
tuviese más razón que el mundo, más benévolo. Entonces dio una hora.
