Poemas a la noche
Poemas a la noche Oscuridad, mi oscuridad,
ahí estoy contigo y afuera todo pasa y yo quería
que creciera en mi ser una voz:
igual que un animal, tener tan sólo un grito para todo.
¿Pues qué es acaso el número
de palabras que vienen y se van,
cuando un canto de pájaro, repetido mil veces,
alzado sin cesar, puede abrir tan de lleno
un corazón minúsculo, tornarlo en uno solo
junto con el del aire y con el del boscaje
y tan claro y audible para Él…:
el que siempre de nuevo, tan pronto ha amanecido,
se alza: el roquedal más escarpado.
Pues, aunque yo pusiera
mi corazón encima del cerebro
y mi anhelo sobre ellos y aun mi soledad:
qué pequeño aún sería,
porque Él lo sobrepasa.
Y si yo recobrara entre otros cien
mi corazón colmado y aún viviente,
lo tomase en mis manos de nuevo,
hallado entre otros cien, mi corazón;