Poemas a la noche
Poemas a la noche para huir más ligero entre tus cazadores,
(¡y es que todo te lleva!),
mas ellos sólo ven, inaccesible,
cómo el mundo se cierra tras tu paso.
Tantas cosas que yacen descosidas
por manos presurosas, que en la busca de ti se retardaron:
deseaban saber.
Y en un antiguo libro hay a veces
algún pasaje oscuro subrayado.
Ahí estuviste un día. ¿En dónde estás huido?
Si alguien te retuvo, lo destruiste entonces;
su corazón se abría y tú no estabas dentro.
Si un orador alguna vez te habló,
lo hizo sin aliento, ¿adónde vas?
También me ocurrió a mí.
Solamente que yo no te interrogo:
con servir me contento y nada te demando.
En la espera sostengo
la mirada obediente de mi rostro en el viento de los días
y no lloro a las noches
(pues veo que ellas saben).
Capri, diciembre de 1906
(Para la condesita M. de S.)