Poemas a la noche
Poemas a la noche Sí, ¿quién era?
Cierra los ojos más dentro de ti
y reconócelo de nuevo poco a poco: mar tras mar,
pesantez de sí mismo, azul desde su seno
y vacío en los bordes, con un fondo de verde
(¿de qué verde?: no existe en ninguna otra parte…)
Y de súbito, exhausto, cerniéndose en lo alto
las rocas, de tan hondo,
que en su escarpado auge ya no saben
dónde va a terminar su subida.
De repente él se quiebra contra el cielo
allí donde éste es denso: cielo lleno de sí.
Y arriba, míralo, también hay cielo
y se adentra muy lejos en plena desmesura:
¿qué no es cielo? ¿No lo irradian acaso las dos rocas?
¿Su luz no pinta el blanco más lejano,
la nieve, que parece en movimiento
y que se lleva lejos consigo la mirada?
¿Y antes de respirarlo no deja de ser cielo?
Cierra fuerte los ojos. ¿Era eso?
Apenas si lo sabes. Ya no puedes
separarlo de tu propio interior.