Poemas a la noche
Poemas a la noche Así pues resultaba necesario para éste y aquél;
pues precisaban signos que gritaran.
Soñaba solamente que a Marta y a María les bastara
comprender que él podía. Pero nadie creía y todos preguntaban:
«pero, Señor, ¿a qué vienes ahora»
Así fue él a obrar lo prohibido
sobre la mansedumbre de la naturaleza.
Colérico. Los ojos entornados.
Preguntó por la tumba. Sufría mucho.
Les pareció que resbalaban lágrimas
por su rostro. Curiosos, tras él se apresuraron.
Ya estaba de camino y aún le parecía una monstruosidad,
un frívolo y terrible experimento,
pero de pronto una potente llama en él prendió:
contradecía todas aquellas diferencias
con que ellos se valían: su estar muerto, estar vivo…
las desmentía tanto, que hasta sus miembros mismos
se entumecían, querían serle hostiles
cuando dispuso bronco: ¡Levantad esa piedra!
