Las cartas secretas del monje que vendió su ferrari
Las cartas secretas del monje que vendió su ferrari Y, en el último segundo, hizo algo que ni él mismo entendió.
Cerró los ojos, apretó los puños… y dejó que el vuelo se fuera sin él.
El aeropuerto de Buenos Aires quedó atrás mientras Jonathan se dirigía al centro de la ciudad, sin un plan, sin una explicación lógica para lo que acababa de hacer. Solo sabía una cosa: no estaba listo para volver.
Esa noche, bajo el parpadeo de las farolas en una calle solitaria, abrió la caja de madera.
La llave seguía ahí, esperando.
Sacó el papel doblado.
"Busca las catacumbas de París. La siguiente carta te espera en la oscuridad."
Jonathan dejó escapar una carcajada seca. Era ridículo. Un juego absurdo que él mismo había permitido que lo arrastrara. Pero, al mismo tiempo, sentía que si ignoraba ese mensaje, algo dentro de él moriría para siempre.
Tres días después, en París…
Las catacumbas eran un laberinto de túneles húmedos y paredes cubiertas de huesos apilados. Jonathan siguió las indicaciones hasta una puerta de hierro oxidado.
La llave encajó perfectamente.
