Cyrano de Bergerac
Cyrano de Bergerac CYRANO, ROXANA y la DUEÑA.
CYRANO.
Va a llegar: ya son las siete.
Y si vislumbro un destello
de esperanza, el labio sello
y hable por mà este billete.
(ROXANA, con el rostro cubierto con un antifaz, aparece detrás de los cristales seguida de la DUEÑA. CYRANO se apresura a abrir la puerta.)
Señora, entrad sin cuidado.
(Acercándose a la DUEÑA.)
Dueña, decidme una cosa.
DUEÑA.
Dos.
CYRANO.
¿Sois por suerte golosa?
DUEÑA.
Quedad, señor, descansado
que al dulce no le hago dengues.
CYRANO.—(Tomando rápidamente cucuruchos de papel del mostrador y llenándolos de dulces como se indica.)
Pues allá van dos sonetos
de Benserade.
DUEÑA.
¿Eh?
CYRANO.
