Cyrano de Bergerac

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Escena V

CYRANO, ROXANA y la DUEÑA.

CYRANO.

Va a llegar: ya son las siete.

Y si vislumbro un destello

de esperanza, el labio sello

y hable por mí este billete.

(ROXANA, con el rostro cubierto con un antifaz, aparece detrás de los cristales seguida de la DUEÑA. CYRANO se apresura a abrir la puerta.)

Señora, entrad sin cuidado.

(Acercándose a la DUEÑA.)

Dueña, decidme una cosa.

DUEÑA.

Dos.

CYRANO.

¿Sois por suerte golosa?

DUEÑA.

Quedad, señor, descansado

que al dulce no le hago dengues.

CYRANO.—(Tomando rápidamente cucuruchos de papel del mostrador y llenándolos de dulces como se indica.)

Pues allá van dos sonetos

de Benserade.

DUEÑA.

¿Eh?

CYRANO.


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