Cyrano de Bergerac
Cyrano de Bergerac ¿Y para eso, en conclusión,
me llamasteis? La razón
os juro que no comprendo.
ROXANA.
A ello me indujo un temor:
alguien ayer me decía
que si en vuestra compañía
logra ingresar por favor
quien no es gascón…
CYRANO.
Por probar
del boquirrubio el aliento,
le retamos al momento
a combate singular:
¿verdad?
ROXANA.
Sí. ¡Cuánto he temblado
por él!
CYRANO.—(Entre dientes.)
¡Y no sin motivo!
ROXANA.
Ayer, sereno y altivo,
castigasteis a un menguado;
a la turba vocinglera
vuestra actitud dio pavor;
y yo, ante tanto valor,
pensé que fácil os fuera