Cyrano de Bergerac
Cyrano de Bergerac ROXANA, la DUEÑA, CYRANO.
CYRANO.
Aquà estoy.
ROXANA.
Ya es hora de que vayamos
a oÃr la disertación
(Señalando la casa de enfrente.)
de Alcandra, la muy discreta,
y Lysimón.
DUEÑA.—(Metiéndose el dedo meñique en la oreja.)
Lo que es hoy
llegamos tarde.
CYRANO.—(Burlándose.)
A esta cátedra
de monos no faltéis, no.
¡Id! ¡Pronto!
ROXANA.
Sois malo, primo.
DUEÑA.
¡Oh! ¡Mirad el aldabón!
¡Me lo han cubierto de trapos!…
(Al aldalbón.)
¡Te amordazan por temor
de que con tu voz de hierro
turbes su meliflua voz!
