Cyrano de Bergerac
Cyrano de Bergerac CRISTIÁN, ROXANA; la DUEÑA, sólo por un momento.
ROXANA.—(Saliendo de la casa de Clomira con otras damas y caballeros, de quienes se despide. Reverencias y saludos.)
¡Bartenoida!… ¡Urimedonte!… ¡Alcandra!
DUEÑA.—(Desesperada.)
¡Perdí la clave
del discurso!
(Entra en casa de ROXANA.)
ROXANA.—(Saludando todavía.)
¡Adiós, Gremiona!
(Todos saludan a ROXANA, vuelven a saludarse entre sí, se separan y se alejan por distintas calles. ROXANA ve a CRISTIÁN.)
¡Ah! ¡Vos! (Se le acerca.)
Declina la tarde…
Aguardaos… (Mirando.)
Ya se alejan…
No puede estorbarnos nadie…
Sola estoy con vos… Sentémonos
aquí… ¡Qué dulce es el aire!…
Hablad: ya escucho.
CRISTIÁN.—(Se sienta en el banco junto a ella. Pausa.)
Yo os amo.
ROXANA.—(Cerrando los ojos.)
