Cyrano de Bergerac
Cyrano de Bergerac CYRANO, CRISTIÁN, ROXANA.
ROXANA.—(Adelantando por el balcón.)
¿Sois vos?
CYRANO.
Yo soy.
ROXANA.
Y hablabais de… de un…
CYRANO.
Beso.
Dulce fuera el vocablo en vuestra boca,
mas no lo pronunciáis. Si os quema el labio,
¿qué no haría la acción? Sed generosa,
venced vuestro temor… Sin daros cuenta,
ha poco os deslizasteis sin zozobra
de la risa al suspiro y del suspiro
al llanto… Deslizaos más ahora
y llegaréis al beso sin notarlo,
pues la distancia entre ambos es tan poca
que un solo escalofrío los separa.
ROXANA.
¡Callad!
CYRANO.
Al fin y al cabo, ¿qué es, señora
un beso? Un juramento hecho de cerca;
un subrayado de color de rosa
que al verbo amar añaden; un secreto
que confunde el oído con la boca;
