Cyrano de Bergerac
Cyrano de Bergerac Los mismos, ROXANA, CRISTIÁN, el CAPUCHINO, RAGUENEAU, la DUEÑA y los criados.
GUICHE.—(A ROXANA.)
¡Vos!
(Reconociendo a CRISTIÁN, con estupor.)
¿Él?
(A ROXANA, con admiración.)
Astuta sois.
(A CYRANO.)
¡Mi enhorabuena,
inventor de prodigios! Es preciso
confesar que con vuestra charla amena
a un santo en el umbral del Paraíso
lograrais detener. Bien consignarlo
podéis en vuestro libro; yo os lo digo.
CYRANO.—(Inclinándose.)
Es consejo de amigo
el que me dais, y juro aprovecharlo.
CAPUCHINO.—(Mostrando a DE GUICHE los amantes y acariciándose con satisfacción la larga y blanca barba.)
¡Oh, qué hermosa pareja habéis unido!
GUICHE.—(Dirigiéndole una mirada de hielo.)
¡Sí! (A ROXANA.)
De vuestro marido
despedíos.
ROXANA.
