Cyrano de Bergerac
Cyrano de Bergerac mis precauciones tomé.
Se acertaba de un hidalgo
el torvo semblante a ver,
mi más amable sonrisa
mostrábale; entonces él,
tan respetuoso y atento
cual pueda serlo un francés,
cerraba la portezuela…
Y… de este modo pasé.
CARBÓN.
¡Cierto que es buen pasaporte
vuestra sonrisa! ¿Y saber
hacia dónde os dirigÃais
quisieron?…
ROXANA.
Mas de una vez.
Yo contestaba, sonriendo:
«A mi amante voy a ver.»
Y entonces hubierais visto
cómo galante y cortés,
el español más ceñudo,
con gesto que el mismo Rey
envidiarÃa, apartaba
los mosquetes que en tropel
contra mà iban dirigidos,
y, con gallarda altivez,
muy severo el continente,