Cyrano de Bergerac
Cyrano de Bergerac ROXANA y CRISTIÁN; en el foro, CADETES que van y vienen; CARBÓN y DE GUICHE, dando órdenes.
ROXANA.—(Corriendo hacia CRISTIÁN.)
Y ahora, Cristián…
CRISTIÁN.—(Tomándole las manos.)
Explícame, Roxana,
¿por qué viniste aquí?, ¿por qué esas sendas
cuajadas de enemigos recorriste?
ROXANA.
¡Busca en tus cartas la razón!
CRISTIÁN.
¡Oh!
ROXANA.
En ellas
tesoros encontré desconocidos
de inefable ternura… Dulces prendas
que tu amor me mandaba, y de las cuales
la mejor era siempre la postrera.
CRISTIÁN.
Poco valen, mi bien.
ROXANA.
¡Calla! ¡Tú ignoras,
tú no puedes saber lo que ellas sean!
Yo te amé con pasión desde la noche
en que con voz apasionada y trémula,
voz que nunca te oí, tu alma de pronto
