Cyrano de Bergerac
Cyrano de Bergerac ¡Carguen!
ROXANA.
¡Ah, no, que está su mano yerta!
¡Yerta su tez!…
CARBÓN.
¡Apunten!
ROXANA.—(Sacando la carta del pecho de CRISTIÁN.)
¡Ah! ¡Una carta!
(La abre.)
¡Para mí!
CYRANO.
Sí. (Aparte.) ¡Mi carta! ¡La postrera!
CARBÓN.
¡Fuego!
(Descarga, gritos, rumor de la batalla.)
CYRANO.—(Queriendo desprender su mano de la de ROXANA, que se la tiene asida, mientras permanece arrodillada junto a CRISTIÁN.)
Luchan, Roxana, y al combate…
ROXANA.—(Deteniéndole.)
Un momento… ¡Murió! Escuchad: vos erais
su amigo más leal; vos conocíais
(Llorando.)
a fondo a mi Cristián… ¿No es cierto que era
un ser… maravilloso?
CYRANO.—(En pie, con la cabeza descubierta.)