Cyrano de Bergerac
Cyrano de Bergerac LA CRÓNICA DE CYRANO
Quince años después, en 1655. El parque del convento que las Damas de la Cruz ocupaban en París.
Soberbias alamedas. A la izquierda, la casa. Se sube a ella por una ancha escalinata, a la cual dan varias puertas. Un árbol en medio de la escena, aislado en el centro de una plazoleta de forma oval. A la derecha, primer término, entre grandes bojes, un banco de piedra semicircular.
En el fondo, atravesando la escena de parte a parte, una avenida de castaños; se prolonga de izquierda a derecha, yendo a parar a la puerta de una capilla que se ve por entre las ramas. A través de la doble cortina de árboles de esta avenida se distingue el suelo cubierto de césped, otras avenidas, bosquecillos, las profundidades del parque y el cielo.
En la capilla, una puerta lateral que da acceso a una columnata por la que trepa una parra, viniendo a perderse dicha columnata a la derecha, primer término, detrás de los bojes.
Tarde de otoño. Los tonos rojizos del ramaje contrastan con lo verde de la hierba. Manchas sombrías de boj y de ivas. Montones de hojas amarillas al pie de cada árbol. Las hojas tapizan toda la escena y cubren a medias la escalinata y los bancos. Óyese su crujido al pasar alguien por las avenidas.
