Cyrano de Bergerac
Cyrano de Bergerac CYRANO, LEBRET, la DUEÑA.
DUEÑA.—(Haciendo una gran reverencia.)
Desea mi ama, la gentil Roxana,
a su valiente primo ver mañana.
CYRANO.
¿Verme? (Trastornado.)
DUEÑA.—(Otra reverencia.)
Veros y hablaros en secreto.
CYRANO.
¿Hablarme quiere?
DUEÑA.—(Otra reverencia.)
Al despuntar la aurora,
en San Roque oirá misa mi señora.
CYRANO.—(Vacilando.)
¡Dios mÃo!
DUEÑA.
¿Y no sabéis sitio discreto
donde, al salir de misa…
CYRANO.—(Aparte, apoyándose en LEBRET.)
¡Cielos!
DUEÑA.
… sin que peligre su recato,
os pueda hablar?
CYRANO.—(Aturdido.)
En casa…
DUEÑA.
¡Aprisa! ¡Aprisa!
