Contrato social
Contrato social De esta misma incoherencia se deduce la solución de un sofisma muy familiar a los polÃticos reales; es, no solamente comparar el gobierno civil al gobierno doméstico y el prÃncipe al padre de familia, error ya refutado, sino, además, el atribuir liberalmente a este magistrado todas las virtudes que deberÃa tener y suponer que el prÃncipe es siempre lo que deberÃa ser; suposición con ayuda de la cual el gobierno real es preferible a cualquier otro, porque es, indiscutiblemente, el más fuerte, y para ser también el mejor no le falta más que una voluntad corporativa más conforme con la voluntad general.
Pero si, según Platón, el rey, por naturaleza, es un personaje tan raro, ¿cuántas veces concurrirán la naturaleza y la fortuna a coronarlo? Y si la educación real corrompe necesariamente a los que la reciben, ¿qué debe esperarse de una serie de hombres educados para reinar? Es, pues, querer engañarse confundir el gobierno real con el de un buen rey. Para ver lo que es este gobierno en sà mismo es preciso considerarlo sometido a prÃncipes limitados o malos, porque, sin duda, llegarán tales al trono o el trono les hará tales.