El Contrato Social

El Contrato Social

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[13] Es cierto que si de dos pueblos vecinos uno no pudiese prescindir del otro, sería una situación muy dura para el primero y muy peligrosa para el segundo. Toda nación prudente se esforzará, ante un caso semejante, por liberar rápidamente a la otra nación de esa dependencia. La república de Tlascala, enclavada en el imperio de México, prefirió prescindir de la sal antes que comprársela a los mexicanos, e incluso que aceptarla gratuitamente. Los prudentes tlascaltecas adivinaron la trampa que se escondía bajo esa liberalidad. Se mantuvieron libres, y ese pequeño Estado, encerrado en ese gran imperio, fue finalmente el instrumento de su ruina. <<

[14] ¿Queréis dar al Estado consistencia? Aproximad los extremos tanto como sea posible: no permitid ni gentes opulentas ni mendigos. Estos dos estados, inseparables por naturaleza, son igualmente funestos para el bien común; del uno salen los promotores de la tiranía y del otro los tiranos; entre ambos se realiza siempre el comercio de la libertad pública; el uno la compra y el otro la vende. <<

[15] Algunas ramas del comercio exterior, dice el M. d’A., no proporcionan más que una falsa utilidad para el reino en general; pueden enriquecer a algunos particulares, incluso a algunas ciudades, pero la nación en su conjunto no gana nada, y el pueblo no mejora su situación. <<


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