La desigualdad entre los hombres
La desigualdad entre los hombres Si fuera necesario, fácil me sería apoyar con hechos este sentimiento y demostrar que en todas las naciones del mundo los progresos del espíritu han sido precisamente proporcionados a las necesidades que los pueblos habían recibido de la naturaleza o a las cuales les habían sometido las circunstancias, y, por consiguiente, a las pasiones que los llevaban a satisfacer esas necesidades. Mostraría las artes naciendo en Egipto y extendiéndose con el desbordamiento del Nilo; seguiría su progreso entre los griegos, donde se las vio brotar, crecer y elevarse hasta el cielo entre las arenas y las rocas del Ática, sin que pudieran echar raíces en las fértiles orillas del Eurotas (18). Señalaría que, en general, los pueblos del Norte son más industriosos que los del Mediodía, porque no pueden por menos de serlo, como si la naturaleza quisiera de este modo igualar las cosas, dando a los espíritus la fertilidad que niega a la tierra.