La desigualdad entre los hombres

La desigualdad entre los hombres

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El primer lenguaje del hombre, el lenguaje más universal, más enérgico, el único de que hubo necesidad antes de que fuese necesario persuadir a hombres reunidos, fue el grito de la naturaleza. Como este grito sólo era arrancado por una especie de instinto en las ocasiones apremiantes para implorar ayuda en los grandes peligros o alivio en los dolores violentos, no era de uso frecuente en el uso ordinario de la vida, en el cual reinan sentimientos más moderados. Cuando las ideas de los hombres empezaron a desarrollarse y multiplicarse, estableciéndose entre ellos una comunicación más estrecha, buscaron signos más numerosos y un lenguaje más extenso; multiplicaron las inflexiones de la voz, acompañándolas de gestos, que, por su naturaleza, son más expresivos y cuyo sentido depende menos de una determinación anterior. Expresaban, pues, los objetos visibles y móviles por medio de gestos, y los que hieren el oído, por sonidos imitativos; pero como el gesto sólo indica los objetos presentes o fáciles de escribir y las acciones visibles; como no es de uso universal, porque la obscuridad o la interposición de un cuerpo le hacen inútil, y exige más bien atención que no la excita, se pensó, en fin, en substituir el gesto por las articulaciones de la voz, que, sin tener la misma relación con ciertas ideas, son más adecuadas para representarlas todas como signos instituidos; esa substitución no pudo hacerse sino por común consentimiento y de modo muy difícil de practicar para unos hombres cuyos órganos groseros no tenían todavía ningún ejercicio, y más difícil aún de concebir en sí misma, puesto que ese acuerdo unánime debió de ser razonado, y la palabra parece haber sido muy necesaria para establecer el uso de la palabra.


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