La desigualdad entre los hombres
La desigualdad entre los hombres Con pasiones tan poco activas y un freno tan saludable, los hombres, más bien feroces que malos, más atentos a ponerse a cubierto del mal que podÃan recibir que inclinados a hacer daño a otros, no estaban expuestos a contiendas muy peligrosas. Como no tenÃan entre sà ninguna especie de relación; como por tanto, no conocÃan la vanidad, ni la consideración, ni la estima, ni el desprecio; como no tenÃan la menor noción del bien ni del mal, ni alguna idea verdadera de justicia; como miraban las violencias que podÃan recibir como daño fácil de reparar, y no como una injuria que debe ser castigada, y como ni siquiera pensaban en la venganza, a no ser tal vez maquinalmente y en el mismo momento, como el perro que muerde la piedra que se le arroja, sus disputas raramente hubieran tenido causa más importante que el alimento. Pero veo una más peligrosa y de la cual voy a tratar.
Entre las pasiones que agitan el corazón humano hay una, ardiente, impetuosa, que hace a un sexo necesario al otro; terrible pasión que desafÃa todos los peligros, destruye todos los obstáculos y más parece, en su furor, propia para aniquilar el género humano que no destinada a conservarlo. ¿Qué serÃa de los hombres presa de esta rabia desenfrenada y brutal, sin pudor ni continencia, y disputándose cada dÃa sus amores al precio de su sangre?