La desigualdad entre los hombres
La desigualdad entre los hombres Pero aunque la naturaleza afectase en la distribución de sus dones tantas diferencias como se pretende, ¿qué ventajas gozarÃan los más favorecidos en perjuicio de los demás en un estado de cosas que no admitirÃa casi ninguna especie de relación entre ellos? Donde no hay amor, ¿de qué sirve la belleza? ¿De qué sirve el ingenio a gentes que no hablan nunca, y la astucia a los que no tienen negocios? Oigo repetir a cada instante que los más fuertes oprimirÃan a los débiles; pero explÃqueseme qué se quiere decir con la palabra opresión. Unos dominarÃan con violencia, otros gemirÃan sometidos a su capricho. He aquà precisamente lo que observo entre nosotros; pero no veo cómo puede decirse esto de los hombres salvajes, a quienes difÃcilmente se harÃa comprender qué significan servidumbre y dominación. Podrá un hombre apoderarse de los frutos que otro ha cogido, de la caza que ha matado, de la caverna que le servÃa de asilo; pero ¿cómo conseguirÃa nunca hacerse obedecer y cuáles podrÃan ser las cadenas de la dependencia entre unos hombres que nada poseen? Si se me arroja de un árbol, libre estoy para ir a otro; si alguien me molesta en un sitio, ¿quién me impedirá marcharme a otra parte? ¿Hay un hombre de fuerza superior a la mÃa, y además bastante depravado, bastante perezoso, bastante feroz para obligarme a proveer a su subsistencia mientras él permanece ocioso? Pues es preciso que se resuelva a no perderme de vista un solo instante, a tenerme cuidadosamente atado durante su sueño por temor a que me escape o le mate; es decir, que se ve obligado a exponerse voluntariamente a una fatiga mucho más grande que la que quiere evitarse y que la que a mà me causa. Después de todo esto, si su vigilancia afloja un instante, si un ruido imprevisto le hace volver la cabeza, doy veinte pasos en el bosque, y mis cadenas quedan rotas y jamás en su vida vuelve a verme.