Las confesiones
Las confesiones 1731-1732
Llego y no la encuentro. ¡Júzguese cuál sería mi sorpresa y mi dolor! Entonces fue cuando empecé a arrepentirme de haber abandonado cobardemente al señor Le Maître, y fue mayor mi pesar cuando supe la desgracia que había caído sobre él. Su caja de música, que contenía toda su fortuna, aquella preciosa caja salvada con tanto trabajo, había sido detenida al llegar a Lyon, gracias a la diligencia del conde de Dortan, a quien el cabildo había hecho escribir participándole esta sustracción furtiva. En vano había reclamado Le Maître lo que constituía su fortuna y su único medio de ganarse la subsistencia, el trabajo de toda su vida. La propiedad de aquella caja estaba cuando menos en litigio; pero no hubo litigio. La cuestión quedó resuelta al instante por la ley del más fuerte, y el pobre Le Maître perdió así el fruto de su talento, el trabajo de su juventud y el recurso de su ancianidad.
