Las confesiones

Las confesiones

Libro séptimo

1741

Después de dos años de silencio y de paciencia, a despecho de mi resolución, vuelvo a tomar la pluma. Lector: suspende tu juicio acerca de los motivos que me obligan a ello, porque no puedes juzgar hasta después de haberme leído.

Se ha visto deslizarse mi apacible juventud en una vida tranquila, bastante dulce, sin grandes reveses ni grandes prosperidades. Esta medianía fue, en gran parte, efecto de mi naturaleza ardiente pero endeble, más propia para descorazonarme que para emprender; la cual, saliendo del reposo por medio de sacudidas violentas, pero volviendo a él por cansancio y por gusto, conduciéndome siempre lejos de las grandes virtudes y más aun de los grandes vicios, a la vida ociosa y tranquila para la cual me sentía nacido, no me permitió nunca en bien ni en mal, lanzarme a nada grande.

¡Qué cuadro tan diferente tendré que trazar dentro de poco! La suerte, que durante treinta años favoreció mis inclinaciones, las contrarió durante otros treinta, y de esta oposición continuada entre mi situación y mis inclinaciones se verán nacer faltas enormes, inauditas desventuras y, excepto la fuerza, todas las virtudes que pueden honrar a la adversidad.


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