Juliette o Las prosperidades del vicio
Juliette o Las prosperidades del vicio —Vamos —me dice Saint-Fond en cuanto que por medio de nuestras fechorÃas se introdujo la muerte en las venas de este desgraciado muchacho— vamos, esto es lo que yo llamo una buena mañana: que el Ser supremo de las maldades se digne enviarme solamente cuatro como esta por semana y se lo agradeceré con todo mi corazón.
Noirceuil estaba desayunando con Clairwil mientras nos esperaban; ninguno de nuestros secretos fue revelado y el ministro partió para ParÃs con el muchacho y su amigo; sólo Clairwil me acompañó.
Para no volver sobre esta aventura, sabréis amigos mÃos, que este crimen, como todos los de Saint-Fond, fue coronado con el mayor éxito; poco tiempo después, estuvo en posesión de una herencia, de una renta de la que quiso darme la parte de dos años por adelantado, por haber compartido su crimen.
En el camino, Clairwil me hizo algunas preguntas, que yo tuve la habilidad de eludir, sin satisfacerla; ocultar los actos lujuriosos hubiese sido inútil: no me habrÃa creÃdo; pero yo disimulé lo demás, y Saint-Fond me lo supo agradecer. Aproveché este camino para recordar a mi amiga la promesa que me habÃa hecho de admitirme en su club libertino; me prometió que esta recepción tendrÃa lugar en la primera asamblea y nos separamos.
