La FilosofÃa en el tocador
La FilosofÃa en el tocador SRA. DE SAINT–ANGE: Es justo; es preciso que un poco de teorÃa suceda a la práctica; es el medio de hacer una alumna perfecta.
DOLMANCÉ: ¡Bueno! ¿Cuál es el objeto, Eugenia, sobre el que queréis que os instruya?
EUGENIA: Me gustarÃa saber si las costumbres son verdaderamente necesarias a un gobierno, si su influencia tiene algún peso sobre el genio de la nación.
DOLMANCÉ: ¡Ah, pardiez! Al salir de casa esta mañana, he comprado en el Palacio de la Igualdad[25] un folleto que, de creer al tÃtulo, debe de responder necesariamente a vuestra pregunta… Acaba de salir de las prensas.
SRA. DE SAINT–ANGE: Veamos. (Lee). Franceses, un esfuerzo más si queréis ser republicanos. A fe que es un tÃtulo singular: promete mucho; caballero, tú que posees una hermosa voz, léenos esto.
DOLMANCÉ: O mucho me equivoco o debe de responder perfectamente a la pregunta de Eugenia.
EUGENIA: ¡Desde luego!
SRA. DE SAINT–ANGE: AgustÃn, esto a ti no te incumbe; pero no te alejes; tocaremos la campanilla cuando sea preciso que vengas.
EL CABALLERO: Empiezo.
La religión
