Los CrÃmenes del amor
Los CrÃmenes del amor Una debilidad horrible se apodera de Dolsé al terminar estas palabras… Nada tan sensible como el alma de esta interesante mujer… Acababa de hacer un esfuerzo; la naturaleza sucumbe, está a las puertas de la muerte. Ceilcour se ve obligado a retirarse a otra estancia; su desesperación hace temblar a cuantos le rodean; por nada del mundo quiere dejar la casa de esta idolatrada mujer… Sin embargo, le arrancan de ella. Nada más llegar a su casa, cae postrado en horrible enfermedad; pasa tres meses entre la vida y la muerte, y sólo a la edad y a la excelencia de su temperamento debe el retorno a la salud. Le habÃan ocultado cuidadosamente durante su enfermedad la pérdida horrible que acababa de sufrir; finalmente, se le comunicó la muerte de aquella a la que amaba. La lloró el resto de sus dÃas; no quiso casarse nunca, y no empleó sus bienes sino en los actos más santos de la beneficencia y de la humanidad. Murió joven, lamentado por sus amigos, y dio, mediante este fin desastroso y prematuro, cruel ejemplo de que la más dulce dicha del hombre… la compañÃa de una mujer que le conviene, puede huir de él en el seno mismo de la opulencia y de la virtud.