Los Crímenes del amor
Los Crímenes del amor El señor de Courval se desmaya; su hijo, absorto por escenas tan horribles, pide ayuda como puede. Florville no la necesitaba: las sombras de la muerte se extendían ya sobre su frente, todos sus rasgos alterados no ofrecían sino la mezcla horrible del trastorno de una muerte violenta y de las convulsiones de la desesperación… Flotaba en medio de su sangre.
Llevaron al señor de Courval a su cama; estuvo dos meses en las últimas. En un estado tan cruel, su hijo fue lo suficientemente afortunado, sin embargo, para que su ternura y sus socorros pudieran devolver a su padre a la vida; pero los dos, tras los golpes del destino tan cruelmente multiplicados sobre su cabeza, decidieron abandonar el mundo. Una soledad severa los ocultó para siempre a los ojos de sus amigos, y allí, en el seno de la piedad y de la virtud, acaban ambos tranquilamente una vida triste y penosa que no fue dada a ninguno de los dos más que para convencerlos, a ellos y a quienes lean esta deplorable historia, que sólo en la oscuridad de la tumba puede el hombre encontrar la calma, que la maldad de sus semejantes, el desorden de sus pasiones y, más que nada, la fatalidad de su suerte le negarán eternamente sobre la tierra.