Los CrÃmenes del amor
Los CrÃmenes del amor Juliette de Castelnau, de veinte años de edad, era la imagen de Belona; alta, hecha como las Gracias, de rasgos nobles, con los cabellos castaños más hermosos, de grandes ojos negros llenos de elocuencia y de vivacidad, de andar altivo, rompiendo una lanza, llegado el caso, como el guerrero más bravo de la nación, sirviéndose de todas las armas entonces en uso con tanta destreza como agilidad, arrostrando las estaciones, afrontando los peligros, valiente, llena de ingenio, emprendedora, de carácter altanero, firme, pero franco, incapaz de engaño, y con un celo superior a todo en favor de la religión protestante, es decir, por la de su padre y la de su amado. Esta heroÃna no habÃa querido separarse nunca de dos objetos[60] tan queridos, y el barón, conocedor de su habilidad, de su inteligencia infinita, convencido de que podrÃa resultar útil en las operaciones, habÃa consentido en verla compartir los peligros. Por otra parte, ¿no debÃa estar mucho más seguro de Raunai si este joven guerrero, combatiendo ante los ojos de su amada, tenÃa por recompensa los laureles que aquella hermosa joven le prepararÃa cada dÃa?