Cuentos de humor negro
Cuentos de humor negro ERA EVIDENTE QUE a lady Barbara, mujer de buena cepa luchadora y una de las más aguerridas de su generación, le resultaba un trago amargo la cobardÃa sin recato de su hijo. No importa qué otras virtudes haya poseÃdo Lester Slaggby —y en algunos aspectos era encantador—, nadie jamás lo habrÃa tildado de valiente. Cuando niño, habÃa sufrido de timidez infantil; cuando muchacho, de temores no muy varoniles; y ya hecho todo un hombre, habÃa cambiado los miedos irracionales por otros todavÃa más tremendos, ya que sus fundamentos eran meticulosamente razonados. Les tenÃa un sincero pavor a los animales, las armas de fuego lo ponÃan nervioso y nunca atravesaba el canal de La Mancha sin calcular la relación numérica entre los salvavidas y los pasajeros. Cuando iba a caballo parecÃa necesitar tantos brazos como un dios hindú: por lo menos cuatro para agarrarse de las riendas y otros dos para tranquilizar al caballo con palmaditas en el cuello. Lady Barbara habÃa dejado de fingir que no veÃa la principal flaqueza de su hijo; con su habitual valor hacÃa frente a esta verdad y, como toda madre, no lo querÃa menos por eso.