Cuentos de humor negro
Cuentos de humor negro No cabÃa duda de que su agitación era genuina. Un estremecimiento de interés renovado despertó a los demás.
Dejándose caer en un sillón, continuó sin aliento:
—Lo encontré dormitando en el salón de fumar y lo llamé a que viniera por su té. No me hizo caso como de costumbre, y yo le dije: «Vamos, Toby; no te hagas esperar»; y, ¡Dios del cielo!, me respondió, arrastrando las palabras con la naturalidad más espantosa, que vendrÃa cuando a él le diera la bendita gana. ¡A mà no me quedó sangre en el cuerpo!
Appin habÃa predicado a un público absolutamente incrédulo; las palabras de sir Wilfrid lograron una instantánea conversión. Se formó una babel de exclamaciones de sorpresa, mientras el cientÃfico permanecÃa sentado en silencio, paladeando el primer fruto de su prodigioso descubrimiento.
En medio del clamor Tobermory entró a la habitación y enfiló, con pasos afelpados y estudiada indiferencia, hacia el grupo reunido alrededor de la mesa de té.
Los invitados se sumieron de súbito en un silencio lleno de incomodidad y turbación. Por algún motivo resultaba embarazoso hablar de tú a tú con un gato doméstico de reconocida habilidad oral.
—¿Quieres un poco de leche, Tobermory? —preguntó lady Blemley con voz bastante tensa.