Cuentos de humor negro
Cuentos de humor negro Las recepciones en casa de Teresa estaban siempre decoradas con un amplio surtido de jóvenes bonitas y madres muy despiertas y obsequiosas, pero la vieja dama se mostraba enfáticamente desalentadora cuandoquiera que alguna de las muchachas invitadas dejaba ver alguna probabilidad de sobrepujar a las demás como futura nuera. Sobre el tapete estaba la sucesión de su fortuna y propiedades, y era claro que estaba dispuesta a ejercer al máximo su poder de selección o rechazo. Los gustos de Bertie no importaban mayor cosa; era uno de esos tipos que se contentan sin chistar con cualquier clase de esposa. Toda la vida se había soportado de buen grado a su abuela, así que no iba a mostrar disgusto e impaciencia por lo que le tocara en cuestión de consorte.
La compañía reunida en casa de Teresa para la semana de Navidad del año mil novecientos y pico era más reducida que de costumbre, y la señora Yonelet, que se contaba entre los invitados, se inclinaba a deducir buenos augurios de esa circunstancia. Era obvio que Dora Yonelet y Bertie estaban hechos el uno para el otro, según le confió a la señora del pastor; y si la vieja dama se acostumbraba a verlos juntos cantidad de veces, bien podía formarse la opinión de que conformarían una satisfactoria pareja de casados.