Cuentos de humor negro
Cuentos de humor negro —Me debes dos francos de anoche —fue su saludo jadeante.
Le hablé evasivamente de la situación en Portugal, donde al parecer se fermentaban más conflictos. Pero Laploshka me escuchó con la abstracción de una víbora sorda y pronto volvió al tema de los dos francos.
—Me temo que quedaré debiéndotelos —le dije, con tanta ligereza como brutalidad—. No tengo ni un centavo.
Y añadí, falsamente:
—Me marcho por seis meses, si no más.
Laploshka no dijo nada, pero sus ojos se abultaron un poco y sus mejillas adquirieron los abigarrados colores de un mapa etnográfico de la península balcánica. Ese mismo día, al ocaso, falleció. «Ataque al corazón», dictaminó el doctor. Pero yo, que estaba más al tanto, supe que había muerto de aflicción.