Cuentos de humor negro
Cuentos de humor negro JOCANTHA BESSBURY ANDABA en plan de sentirse feliz, serena y bondadosa. El mundo en que vivÃa era un lugar ameno, y ese dÃa mostraba una de sus facetas más amenas. Gregory habÃa logrado venir a casa para almorzar de prisa y fumarse un pitillo en el acogedor cuartico de descanso; el almuerzo habÃa estado bueno y aún quedaba tiempo para hacerles justicia al café y al tabaco. Ambos eran excelentes a su modo; y Gregory era, a su modo, un marido excelente. Jocantha se sentÃa más bien tentada a sospechar que como esposa era encantadora, y sospechaba de sobra que tenÃa una modista de primera.
—No creo que en todo el barrio de Chelsea pueda encontrarse una persona más contenta —observó Jocantha, aludiendo a sà misma—, con la excepción quizás de Attab —prosiguió, echando una mirada al gran gato atigrado que descansaba muy a sus anchas en la esquina del diván—. MÃralo ahÃ, soñando y ronroneando, estirando las patas de vez en cuando en un rapto de mullido bienestar. Parece la mismÃsima encarnación de todo lo que es suave y sedoso y aterciopelado, sin un ángulo brusco en su postura, todo un visionario cuya filosofÃa es la de soñar y dejar soñar; y luego, cuando cae la tarde, sale al jardÃn con un destello rojo en la mirada y atrapa algún gorrión desprevenido.
