Cuentos de humor negro
Cuentos de humor negro Jocantha regresó a su casa en Chelsea, que por primera vez se le hizo insulsa y recargada. Traía la amarga convicción de que Gregory iba a resultar aburrido durante la cena y que después la obra de teatro sería una estupidez. Mirándolo todo, su estado de ánimo mostraba una marcada divergencia con la ronroneante placidez de Attab, que otra vez estaba arrollado en su esquina del diván, respirando una inmensa paz por cada curva de su cuerpo.
Claro que él sí había atrapado su gorrión.