La reticencia de Lady Anne
La reticencia de Lady Anne Ulrich se alejó en solitario de los ojeadores que había emboscado en la cima del cerro y deambuló por las empinadas pendientes en medio de la silvestre y enmarañada maleza, atisbando entre los troncos de los árboles y acechando entre las agudas tonalidades del viento y el incesante batir de la enramada alguna visión o sonido de los merodeadores. ¡Ah!, si en esta noche procelosa, en este tenebroso y solitario lugar, se encontrara con Georg Znaeym, de hombre a hombre, sin testigos…, este era el deseo que dominaba todos sus pensamientos. Y al rodear el tronco de una enorme haya se encontró frente a frente con el hombre que buscaba.