La reticencia de Lady Anne
La reticencia de Lady Anne Los niños iban a ir, como especial deferencia, a la playa de Jagborough. Nicholas no sería de la partida; estaba castigado. Aquella misma mañana había rehusado tomarse su nutritiva leche con sopas con el fundamento, aparentemente frívolo, de que en ella había una rana. Personas mayores que él en edad, saber y gobierno le habían dicho que no era posible que hubiera una rana en su leche con sopas y que no debía decir disparates; no obstante, el niño persistió en proclamar aquello que tenía todas las trazas de ser un inmenso disparate y llegó a describir, incluso, con gran detalle la coloración y el moteado de la supuesta rana. El lado dramático del incidente estuvo en que había realmente una rana en el tazón de leche con sopas de Nicholas; la había puesto él mismo, de modo que se sentía legitimado para saberlo. El pecado de coger una rana del jardín y ponerla dentro de un nutritivo tazón de leche con sopas fue desmesuradamente magnificado, pero el hecho que más claramente destacaba en todo aquel asunto, tal y como se presentaba en la mente de Nicholas, era que las personas mayores en edad, saber y gobierno habían demostrado estar en el más ostensible error respecto a cuestiones acerca de las cuales habían exhibido la más absoluta seguridad.
