La reticencia de Lady Anne

La reticencia de Lady Anne

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—No regresará esta noche. Probablemente está en la redacción del periódico local en estos momentos, dictando la primera entrega de sus memorias. No incluirán el libro de Lady Como-quiera-que-se-llame. Será el acontecimiento del día.

Tras hacer esta contribución a la alegría general Clodoveo se fue a dormir. A largos intervalos, los diversos integrantes de la reunión siguieron su ejemplo.

Los criados que sirvieron el té por la mañana temprano dieron idéntica noticia en respuesta a idénticas preguntas. Tobermory no había regresado.

El desayuno fue, si cabe, una función aún más desagradable que lo había sido la cena pero antes de que concluyera la situación se alivió. Trajeron el cuerpo de Tobermory procedente del bosquecillo donde un jardinero acababa de encontrarlo. Por las dentelladas que había en su pescuezo y el pelaje amarillo que cubría sus garras resultaba evidente que había caído en desigual combate con el gatazo de la rectoría.

A mediodía la mayor parte de los invitados había abandonado las Torres y después del almuerzo Lady Blemley había recuperado el ánimo lo suficiente como para escribir una nota extremadamente desabrida a la rectoría acerca de la pérdida de su valioso animalito doméstico.


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