A la conquista de un imperio
A la conquista de un imperio Al dÃa siguiente, dos horas después del mediodÃa, un grupo, que despertaba mucha curiosidad entre los desocupados que llenaban las calles de la capital del Assam, avanzaba a paso militar hacia el grandioso palacio del rajá, que se alzaba en la inmensa plaza del mercado.
Se componÃa de siete personas: un inglés —más o menos auténtico, correctamente vestido de blanco, con un sombrero de tela gris, adornado con un gran velo azul que le descendÃa hasta debajo de la cintura—, y seis malayos vestidos al estilo indio, con casacas verdes bordadas, amplios calzones rojos, grandes turbantes de seda abigarrada y espléndidas carabinas de cañones adornados con arabescos y culatas incrustadas de marfil y madreperla, pistolas de doble cañón en el cinto y cimitarras colgando del costado.
Eran todos hombres apuestos, de aspecto feroz, robustos, y de ojos sombrÃos y siniestros. Aun siendo sólo siete, se comprendÃa por su aspecto que no retrocederÃan ni ante una compañÃa de cipayos bengalÃes.
Llegados ante el palacio real, vigilado por un grupo de guardias, armados con lanzas de anchÃsima hoja, el inglés detuvo a sus hombres con un gesto.
—¿Qué quieres, sahib? —preguntó el comandante de la guardia, avanzando un paso hacia el inglés, mientras sus hombres ponÃan las lanzas en ristre, como si se prepararan a rechazar un ataque…
