A la conquista de un imperio
A la conquista de un imperio Las tres potencias carnívoras más formidables se han repartido el mundo de forma que no se encuentran casi nunca: el león se ha reservado el África; el oso —que se conviene muy a menudo en un carnívoro terrible— a Europa y la América septentrional donde impera, entre las altas Montañas Recosas, con el nombre de grizly; el tigre Asia y también usa buena parte de las grandes islas que pertenecen a Oceanía.
Son unos seiscientos millones de habitantes los que se ha reservado el acto bâgh-beursah, o sea el tigre señor, como lo llaman los poetas indios. ¡Y qué tributos cobra cada año entre los desgraciados! Sólo en la India, no menos de diez mil personas encuentran su tumba en los intestinos del feroz carnívoro.
Los reptiles, que son mucho más numerosos en aquella vasta península, no causan más que la mitad de muertes.
Hay tigres en Persia, en Indochina, en Sumatra, en Java, en Borneo, en la península malaya y también en Nueva Guinea e incluso en Mongolia y en Manchuria, pero ninguno iguala en belleza, astucia y ferocidad a los tigres de la India, y tal vez por eso se les ha llamado tigres reales.
