Aguilas de la estepa
Aguilas de la estepa Los sartos y otros asistentes a la fiesta habÃan recuperado parte de la caballada, de modo que no le fue difÃcil al coloso conseguir das animales y conducirlos delante del beg.
—¿Qué quieres hacer, patrón? —le preguntó—. Los bandidos ya están lejos y estas pobres bestias muy cansadas. Por lo demás, ya, tienen a sus talones a Hossein y su primo.
—¿Partió también Abei?
—Allà puedes verlo galopando con un pelotón de séquito.
—¡Corramos! —gritó el anciano a los sartos que habÃan quedado—. ¡Hay que defender a vuestras familias! ¡Y recuerden: no se debe dar cuartel a esos criminales!
Unos doscientos de a caballos rodearon al beg y a Tabriz mientras otros seguÃan procurando reunirse con sus monturas y los restantes no podÃan moverse porque las suyas se habÃan estropeado.
—¡Adelante! —tronó Giah Agha—. ¡Vamos a destruir a esos bandoleros!
La tropa se puso en movimiento dirigiéndose a la aldea.
—¿Alcanzará Hossein a los raptores? —comentó Tabriz que cabalgaba al lado del beg.
