Aguilas de la estepa
Aguilas de la estepa —¿Qué significa tu presencia aquÃ, Hadgi? —le preguntó al hombre.
—Recibir nuevas instrucciones, ya que no habÃamos previsto la invasión de los rusos. Eso puede haberte hecho cambiar de plan y como sabÃa que al perseguirnos tendrÃan que pasar ustedes por el único vado del rÃo que existe en muchas leguas, resolvà esperarte en sus proximidades.
—Has jugado una carta muy peligrosa.
—¿Por qué? Ni tu primo ni el servidor me conocen y engañarlos era cosa facilÃsima. No hice más que esconder ropa y armas en una mata y, como has visto, la estratagema dio buen resultado.
—Eres un bandido astuto —reconoció el pérfido.
—Se hace lo que se puede… Dime ahora adonde debo conducir a la muchacha.
—¿Conoces algún refugio en las montañas de Kasret-Sultán?
—SÃ, existen allà cavernas magnÃficas, aunque suden petróleo por todas partes.
—Bien; entrarás entonces en Katib, atravesarás la ciudad poniendo bien en vista a Talmá y la llevarás a las montañas. Nadie se preocupará de ella aunque pida socorro, ya que los habitantes tienen otras cosas en qué pensar. En todo caso, dirás que es una loca que reconduces a su familia. Tus hombres me conocen, ¿no?