Aguilas de la estepa
Aguilas de la estepa —¿Conoces al asesino? ¿Es un estepario como tú?
—SÃ, capitán; un falso camarada, al que encontraré un dÃa y mataré como a un chacal, no obstante ser sobrino de un beg y pariente de mi señor.
—Calla ahora y piensa en curarte. Los enfermos no deben hablar.
—TodavÃa una palabra, señor. ¿Respondes de la vida de mi señor? ¿Crees que vivirá?
—Pienso que ya no corre ningún peligro. Dentro de un par de dÃas podrá hablar, pero por ahora debe estar completamente tranquilo. A ti te asaltará la fiebre muy pronto, ¡aguántala!
Abandonó la tienda-hospital y pasó a otra pequeña que se hallaba a poca distancia y contenÃa un catre de campaña, una mesita y una silla, todo en bastante mal estado. Se sentó, encendió un cigarro y extrajo del bolsillo el sobre que habÃa caÃdo de la faja de Hossein.
—Puede ser un documento importante —murmuró abriéndolo.
ContenÃa dos hojas de papel, pero debÃa ser muy grave lo que en ellas estaba escrito, porque el facultativo habÃa experimentado un sobresalto y enarcado las cejas.