Aguilas de la estepa
Aguilas de la estepa —Aunque sea un tigre no me da miedo.
El gigante se lanzó adelante con el cangiar en la mano, pero no había hecho cinco pasos cuando tropezó con algo blando que emitía maullidos y le arañaba las botas.
—¡Alto, Hossein! —gritó.
Este le respondió con una resonante risotada.
—¡Estás aplastando a unos pobres gatitos, Tabriz! —le contestó—. ¡Acuérdate que Mahoma prohibió matarlos!…