Aguilas de la estepa
Aguilas de la estepa Los animales carniceros de cualquier *taza, que no vacilan en atacar gacelas, antÃlopes y hasta jirafas en pleno dÃa, no se atreven con el hombre aunque estén hambrientos. Se dirÃa que su mirada los hacen titubear y esperan las tinieblas para agredirlo. Los dos leones, quizás impresionados también por la actitud resuelta de los tres viajeros, estaban esperando que desapareciera el sol para obrar.
—Comienzo a creer que tengan el estómago menos vacÃo de lo que nos imaginábamos y que anoche han disfrutado de una cena más copiosa que la nuestra —opinó el coloso.
—Estamos perdiendo un tiempo precioso —lamentó Hossein.
—En cuanto pasemos el Amú-Darja dispondremos de los caballos que queramos y en un par de dÃas alcanzaremos la tienda del beg, señor —lo alentó el servidor.
—¡Con tal que ella estuviese allÃ…! —murmuró el jo; ven que sólo pensaba en Talmá.
—Silencio, señor; este no es el momento oportuno para hablar de estas cosas… ¡Mire! Los leones se permiten el lujo de echar una siestita… ¡Si los pudiera sorprender les acariciarÃa bien el lomo con mi cangiar!…
