Aguilas de la estepa
Aguilas de la estepa Toda la región que se extiende entre el Caspio y el Aral no es más que un inmenso depósito de petróleo, extraordinario, inagotable, que un día proporcionará millares de millones a quien sepa explotarlo. Desde hace siglos los habitantes de esas comarcas habían notado ciertos fenómenos para ellos inexplicables, como la aparición improvisa de lampos de fuego que salían de las rocas y de grietas que manaban una sustancia oleosa y de fuerte olor. Era el petróleo que, como se ha comprobado en estos últimos años por las numerosas perforaciones realizadas, se encuentra a poca profundidad, sobre todo en las proximidades del mar Negro, donde se levanta la ciudad de Bakú, sagrada para los adoradores del fuego a causa de la perenne llama que brota del intersticio de un peñasco.
Toda esa extensa zona ha permanecido infructuosa hasta nuestros días, pues recién en 1870 atrajo la atención de los hombres de ciencia y de los industriales, que vislumbraron su incalculable riqueza. De los pozos que se cavaron en la parte meridional, el mineral líquido brotó en cantidad tan grande que no pudieron contenerlo con ningún medio y un verdadero torrente fue a perderse en el mar Caspio poniendo en serio peligro a las naves que circulaban por él. Y de un día al otro, el precio del petróleo bajó a ¡un céntimo por litro!…
